Graciela Cros reside en Bariloche, es poeta y narradora.
Ha publicado los siguientes libros de poesía: “Poemas con bicho raro y cornisas” (1968); “Pares Partes” (1985); “Flor Azteca” (1991); “Decimos” (1992); “La escena imperfecta” (1996); “Urca” (1999); “Cordelia en Guatemala” (2001; 2013, 2da edición revisada y corregida); “Libro de Boock” (2004); “La cuna de Newton” (2007); “Hacer la de Elvis” (2009); “Mansilla” (2010); “Cantos de la gaviota cocinera- Antología personal” (Amargord Ediciones, Madrid, 2013) y “Pampa de Huenuleo” (2017); la novela “Muere más tarde” (2004). En 1995, Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche – Marcas en el tránsito”, selección y prólogo. Su obra poética, distinguida y traducida en diversas oportunidades, aparece en numerosas antologías del país y del extranjero como la reciente “La frontera móvil, Antología de poesía contemporánea de la Patagonia argentina” (Barcelona, 2015).

 

36.
Soy una dama que padece El Mal de la Vacilación. Ante la duda emigro y me retiro a mi universo personal. Soy un Chingolo de Pecho Colorado un Gorrioncito de Cresta Gris un Animal Emplumado que arde en Deseos. Adoraría ser un Ente Productivo. Formar parte de lo llamado Real. Integrar una Cifra Estadística. Cabos sueltos no ayudan. Si no fuera porque estoy involucrada con El Arte mi vida entera sería un desastre.

40.
Soy una dama Encerrada con su Monólogo Interior y esto agota. Mi Fluir de Conciencia es incansable. Soy una mujer de cultura que de a ratos /de a raptos/ admite esta condición. Una criatura fantástica de existencia más que efímera /Dudosa. Mi caos creativo es una Decepción. Soy El Antipasto de las Emociones. Una Urraca que canta Las Cuarenta.

De Poesía en tierra, Buenos Aires, FCE/CCEBA, 2005

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Siete ángeles españoles 

1. Llega a mi casa y trae lo que yo espero de otro. A medias le permito mi boca, mi cuello, mi cintura. Su cuerpo se apasiona con el mío. Lo dejo hacer sin oponer resistencia mientras veo por la ventana qué bello está el jardín.

2. Trae lo que no aguardo. Sin preguntar por mis expectativas se limita a entregar lo que tiene para mí reservado. Yo recuerdo historias sin lógica, argumentos de cine y lo abrazo para bailar Siete ángeles españoles en puntas de pie.

3. De este hombre no necesito defenderme. Admito que me complace su cuidado. Con devoción se ocupa de mi sed sin prometer que lo hará mañana. Hago lo mismo con el jardín en estos días de verano.

4. Sin embargo, no sé si lo conozco suficiente. Él se empeña en mostrar uno que sospecho no es para el resto –digamos, lo que está fuera del jardín y la casa- donde yo no soy la que es para el resto.

5. Aprendí a confiar en este hombre. También he aprendido a no saber que espero su llegada. De este modo, cuando viene se parece a la lluvia que nutre el jardín sin dar aviso. Las cosas que me depara no son las previsibles. Hay páginas en blanco entre nosotros. El nudo que nos ata no se ve.

6. Hay palabras que este hombre no dice. Yo leo el silencio y tampoco las digo. Sabemos en qué moneda cobra lo no dicho. Mientras tanto en el jardín las plantas florecen, se marchitan. Hablo de él cuando callo.

7. Este hombre viene a ofrecer lo que yo espero de otro. ¿Lo que me trae a alguien se lo quita? ¿Lo que me es negado en alguien se acumula? Yo recibo de uno, ansío de otro y no sé qué hacer. Sola, en casa, mirando el jardín, escribo para entender.

 

Canción de Ray Charles y Willie Nelson. De “Hacer la de Elvis. Re/escrituras”, Buenos Aires, Editorial Casi Incendio la Casa (CILC), Colección Gama, 2009.